Thursday, September 15, 2011

200 palabras


 El José venía durmiendo en el metro, con las manos en sus bolsillos. La noche anterior, había sido su cumpleaños y tuvo que esperar por horas, en una silla del consultorio. La otitis ya lo tenía medio sordo. Soñaba que era cabro chico en su Perú cálido jugando a la pelota a pata pelá con sus amigos.  Veía  el crepúsculo sobre horizonte, la silueta de su madre, como en una película vieja, sin sonido, el silencio obligatorio de su sueño, como tantas cosas raras que pasan en ese mundo surrealista,  lo traslada  a su casucha pobre, de una sola habitación, donde tenía un único libro que releía siempre “Corazón”  de Edmundo de Amicis, su profesora se lo había regalado.

Sus anteojos oscuros caen y lo despiertan…El José piensa…¡chuta otra vez me pasé!…otra vez su jefe de obra empezará con el discurso de la responsabilidad  y de lo agradecido que debería estar de tener trabajo en Chile…pero bueno, que se le va a ser…que comience con su función de humillación, qué comience el circo romano no más, él seguirá pensando y soñando con Perú, con su madre, con su libro, eso no se lo van a poder quitar, claro que no!

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